Reseña: La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa

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Sinopsis

«La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer».

La banalización de las artes y la literatura, el triunfo del periodismo amarillista y la frivolidad de la política son síntomas de un mal mayor que aqueja a la sociedad contemporánea: la idea temeraria de convertir en bien supremo nuestra natural propensión a divertirnos. En el pasado, la cultura fue una especie de conciencia que impedía dar la espalda a la realidad. Ahora, actúa como mecanismo de distracción y entretenimiento. La figura del intelectual, que estructuró todo el siglo XX, hoy ha desaparecido del debate público. Aunque algunos firmen manifiestos o participen en polémicas, lo cierto es que su repercusión en la sociedad es mínima. Conscientes de la esta situación, muchos han optado por el discreto silencio. Como buen espíritu incómodo, Vargas Llosa nos entrega una durísima radiografía de nuestro tiempo y nuestra cultura.

Primeras líneas

“Es probable que nunca en la historia se hayan escrito tantos tratados, ensayos, teorías y análisis sobre la cultura como en nuestro tiempo. El hecho es tanto más sorprendente cuanto que la cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer. Y acaso haya desaparecido ya, discretamente vaciada de su contenido y éste reemplazado por otro, que desnaturaliza el que tuvo.

Este pequeño ensayo no aspira a abultar el elevado número de interpretaciones sobre la cultura contemporánea, sólo a dejar constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía aún por cultura cuando mi generación entró a la escuela o a la universidad y la abigarrada materia que la ha sustituido, una adulteración que parece haberse realizado con facilidad, en la aquiescencia general.”

Valoración personal, por Gonzalo Muro

La civilización del espectáculo es la última obra hasta la fecha de Mario Vargas Llosa, un ensayo que plantea la provocadora idea de que la cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer.

Las más altas expresiones de la cultura (alguno de los ejemplos empleados por el autor son Kant, Proust o Rembrandt) quedan totalmente al margen del nuevo orden cultural en el que sólo es visible lo que se televisa o aparece en las redes sociales, quedando el resto arrumbado en un oscuro silencio ominoso.

Unido a ello, se suma la desaparición del intelectual como pieza clave de las sociedades occidentales, poseedor de un pensamiento por el que se gana el respeto de sus conciudadanos que le otorgan el papel de referente, auctoritas. Opina Vargas Llosa que, junto al desprestigio que la figura del intelectual sufrió al apoyar los diversos totalitarismos del siglo XX, el principal motivo del deterioro de su posición es la falta de vigencia del pensamiento en nuestras sociedades. Si su papel es elaborar reflexiones en discursos articulados y coherentes, nada tienen que hacer en un tiempo en el que sólo se atiende a la imagen y en el que todo parece caer en el olvido al poco tiempo.

Sin creadores capaces de ofrecer obras fruto de la experiencia y herederas de una larga tradición, sin intelectuales capaces de denunciar con sentido la frivolidad de la realidad en que vivimos, el ciudadano sólo puede volverse a lo que los medios le ofrecen, carente de más referencias que las ya extintas de tiempos pasados. En suma, la cultura, tal y como la entiende Vargas Llosa, no será capaz de sobrevivir al no poder cumplir con su papel vivificante.

Esto es lo que podríamos definir como núcleo esencial de La civilización del espectáculo. Los capítulos siguientes dan fe de la extensión del mismo fenómeno a mundos tan dispares como la política, la moral, la educación o la religión.

Sin duda, La civilización del espectáculo es un texto provocador. En él se recoge una tesis general (la frivolidad y predominio del entretenimiento y goce personal) con la que la mayoría estará de acuerdo pero cuya concreción puede no resultar tan pacífica.

Los ataques al arte moderno, su postura respecto a la prohibición del velo (y la correlativa defensa del crucifijo en las aulas en sendos artículos de imprescindible lectura), el rechazo a la actual literatura (que denomina light, en el mejor de los casos) son tal vez las partes más visibles, pero no las únicas, objeto de polémica.

En efecto, Vargas Llosa sostiene que la Literatura de otros tiempos era mejor. Nadie duda de que Víctor Hugo (un ídolo para el autor) fue un titán, pero el siglo XIX sólo dio unos pocos como él. No olvidemos que junto a Stendhal o Goethe, escribieron cientos de autores hoy ya olvidados por el escaso mérito de su obra. ¿No daremos esa oportunidad a nuestro tiempo? Creo que el futuro nos verá como coetáneos de Philip Roth o Cormac Mcarthy y que dentro de cien años nadie sabrá quién fue Dan Brown.

No comparto la idea de Vargas Llosa de que ahora se puede leer más que hace cien años pero lo que se lee es peor. Hoy se venden en un año más ejemplares de cualquier obra de Dostoievski que los que pudo vender en vida. No creo que los visitantes de museos sean exclusivamente autómatas que hacen un circuito de aquello que se supone que se debe ver y contemplar para luego contarlo de regreso al hogar. ¿Acaso todos los visitantes de museos de otros tiempos eran amantes y conocedores del arte?

Tampoco creo que un e-book represente el fin de un mundo libresco de amantes de la buena literatura, es como pretender que Gutenberg acabó con toda forma de arte por llevar sus libros a un mayor público y a un menor precio que el de la época del pergamino.

El tiempo nos trae perspectiva y permitirá saber cuánto de cierto tiene el vaticinio de Vargas Llosa. Pero como a nadie le gusta perder su juventud (la mucha o poca que nos quede) para satisfacer su curiosidad, entre tanto la lectura de La civilización del espectáculo nos ofrecerá una buena dosis de argumentos inteligentes que defender o desafiar.

Resumiendo
  • Perfecto para: aquellos que deseen reflexionar sobre qué ocurre con la cultura en nuestros días y estén dispuestos a ver en entredicho sus propias opiniones y prejuicios por un polemista extraordinario y eficaz.
  • Lo mejor: la brillantez de Mario Vargas Llosa, que siempre logra argumentar eficazmente en defensa de sus ideas y convencerte de muchas de ellas.
  • Lo peor: las incursiones en el mundo de la religión y la política que, si bien guardan relación con su concepto de civilización del espectáculo, tal vez no es lo que se espera al comprar el libro.
 Sobre el autor

mario vargas llosaMario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936). Escritor, novelista y ensayista peruano, con multitud de obras publicadas y una larga trayectoria reconocida con múltiples premios literarios (Príncipe de Asturias de las Letras en 1986, Premio Planeta de 1993 por Lituma en los Andes, Premio Cervantes en 1995 y Nobel de Literatura en 2010). Desde 1984 es miembro de la Real Academia Española, y también ejerce de crítico literario y articulista en el diario El País.

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Colaborador en la sección de Reseñas de la Revista Nuevas Letras. Ha publicado relatos en diversas antologías colectivas, y administra el espacio de reseñas literarias Confieso que he leído.
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1 Comentario en "Reseña: La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa"

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  1. avatar willy ochoa dice:

    Felicitaciones por este excelente comentario. Es muy útil para valorar la obra y medir el interés qsaber el contenido esencial de la obra y saber si nos interesa para su lectura.

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