Reseña: Franny y Zooey, de J. D. Salinger

franny y zooey
Sinopsis

Franny se enfrenta al problema de los farsantes y la falsedad. El hecho mismo de que sea actriz profesional la obliga a plantearse la distinción entre autenticidad y falsedad y a vérselas con la vanidad y el egoísmo casi a diario, e incluso su intento de renuncia a su profesión está abocado al fracaso si pretende mantenerse fiel a sí misma.

Primeras líneas

“Aunque la mañana del sábado era soleada y luminosa, volvía a hacer tiempo de abrigo, no simplemente de chaqueta, como había sucedido toda la semana y como todos habían esperado que se mantuviera para el gran fin de semana: el fin de semana del partido contra Yale. De los veintitantos chicos que estaban esperando en la estación a que llegaran sus novias en el tren de las diez y cuarenta y dos no había más de seis o siete en el frío andén descubierto. El resto estaba adentro de la caldeada sala de espera, de pie en grupos de dos, tres o cuatro, sin sombrero, fumando y hablando con voces que, casi sin excepción, sonaban universitariamente dogmáticas, como si cada muchacho, en su turno estridente dentro de la conversación, estuviera resolviendo, de una vez por todas, alguna cuestión altamente polémica, una cuestión que el mundo exterior, no el universitario, llevaba siglos discutiendo con gran torpeza, provocativamente o no”.

Valoración personal, por Alexandra Padín

Siempre he dicho que la misantropía no es una cualidad de la cual hacer gala, pero hoy me he levantado con ansiedad y con jaqueca y me cabrea el género humano. Lo advierto porque predigo, ya antes de entrar en materia, que este hecho va a afectar a mi reseña de Franny y Zooey, leído y releído este verano e injustamente ignorado por toda esa legión de personas que se dice admiradora de Salinger pero en realidad lo es de Holden Caulfield.

No sé si Salinger tenía algo de misántropo o era simplemente introvertido, pero sí tengo claro que no he venido aquí a hablar de Salinger El Personaje, creado, como suele suceder con las grandes mentes, no por sí mismo, sino por el circuito mediático sediento de historias escabrosas (con un poquito de amor y sordidez, por favor). Tampoco voy a hacer referencia a la más célebre, notoria, reputada y gloriosa obra del autor, porque, si bien es cierto que Salinger no fue precisamente prolífico, dio de sí otros tres libros escasos en forma pero enormes en fondo, superiores, al parecer de quien firma, a esa primera novela. No puedo describir hasta qué punto Salinger es bueno en lo suyo, y precisamente porque lo es, de los mejores, me cabrea que únicamente se le recuerde por esos dos aspectos, accesorios a su magnificencia (puede sonar excesivo pero, qué coño, es de mis favoritos y tengo derecho a decirlo: MAGNÍFICO, MAGNÍFICO SALINGER). Vamos allá.

No es la primera vez que Salinger aborda la historia de la familia Glass. En contraposición a lo que dictan las leyes de la literatura sobre los buenos protagonistas, los Glass no son personajes con los que el lector se identifique fácilmente. La familia Glass está compuesta por gente extraordinaria, elevada intelectual y emocionalmente, cuya sensibilidad ha sido colocada en un mundo de corrupción y mediocridad. De los hermanos Glass (siete en total, dos de ellos muertos) es Franny, la menor de todos ellos, con la crisis existencial en la que se ve inmersa al haber llegado a la veintena, quien protagoniza el relato. Me toca retractarme: en mayor o menor medida, uno, al leer acerca de la angustia vital de Franny, se reconoce. Pero, a diferencia de cualquiera de nosotros, la menor de los Glass posee pureza, y la pureza multiplica el vértigo.

A pesar de que la familia Glass es, por definirla de algún modo, especial e inalcanzable, Salinger consigue conferirle una humanidad absoluta mediante las dos armas que mejor maneja: el diálogo, construido magistralmente mediante estructuras propias de la oralidad, y la descripción del lenguaje corporal. Son las palabras y los gestos compartidos entre los diferentes personajes los que focalizan la obra. En cuatro escenarios diferentes, mediante la descripción y la conversación a modo de tres largos planos-secuencia, transcurre el relato, prácticamente carente de acción, que nos permite entrever la inmensidad de los Glass. Una cafetería, un cuarto de baño, un salón y una habitación recién pintada. Franny y su novio; Zooey y la madre; Zooey y Franny; Franny y Zooey. Añadimos una carta, un libro sobre el encuentro total con Dios y la constante sombra del hermano muerto y habremos reconstruido esta novela. En apariencia.

Si hay algo que fascina de Franny y Zooey es su profundidad mística. Una chica de veinte años se obsesiona con la oración de Jesús para encontrar a Dios. Este planteamiento, con todas las dilucidaciones de uno y otro hermano en torno al mundo, la religión y la humanidad, dibujan un interrogante que empuja a la reflexión continua a lo largo del relato, especialmente en la escena final. Hay una gran verdad latente pero tal vez haya que ir a El camino de un peregrino para encontrarla.

«Este librito más bien escuálido», dijo Salinger de su obra (pretty skimpy-looking book en el original). Te equivocaste, Salinger, porque no veo nada de escuálido en tu Franny y Zooey. Podemos, Salinger, odiar al ser humano. Podemos buscar a Dios incansablemente. A los veinte años, podemos afrontar los días de ansiedad y de jaqueca repitiendo «Jesucristo Nuestro Señor, ten piedad de mí». Bueno, yo no soy tan dada a los misticismos y creo que no llegaré a comprender del todo el significado de tu librito más bien escuálido, pero es una jodida maravilla y con eso es suficiente.

Resumiendo
  • Perfecto para: Aprender a valorar la normalidad de la propia familia y de uno mismo.
  • Lo mejor: La descripción que un ama de casa de Tuckahoe hace de Zooey: «mohicano judeo-irlandés de ojos azules que murió en tus brazos en la mesa de la ruleta de Montecarlo».
  • Lo peor: Llegar al final y darte cuenta de que tú no tienes una Señora Gorda.
 Sobre el autor:

JD-SalingerJ. D. Salinger (Nueva York, 1 de Enero de 1919 – New Hampshire, 27 de enero de 2010).  Escritor americano mundialmente conocido por ser autor de la famosa novela El guardián en el centeno (1951), libro que se ha convertido en un clásico de la literatura contemporánea americana. Otras de sus obras son Nueve Cuentos (1953) y la aquí reseñada Franny y Zooey (1961).

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Fue colaboradora en la sección de Reseñas de la Revista Nuevas Letras. Estudiante de Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela, y miembro del colectivo cultural Seara Records.
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