Escritores bajo seudónimo: jugando a ser otros

J.K. Rowling

Son muchos los escritores que a lo largo de la historia se han refugiado bajo un seudónimo para de mostrar su obra públicamente. El último caso, a estas alturas ya conocido por todos, ha sido el de la aclamada escritora británica J. K. Rowling, mundialmente conocida por ser autora de la famosa saga Harry Potter.

Rowling, bajo el seudónimo masculino de Robert Galbraith, publicó el pasado mes de abril The Cuckoo’s Calling, una novela negra basada en la historia de un veterano de guerra reconvertido en detective privado.

Pero el anonimato le ha durado poco, ya que a pocos meses de la aparición del libro, y cuando tan sólo se habían vendido 1.500 copias, el periódico inglés The Sunday Times hizo pública la verdadera identidad de la escritora, descubierta tras una investigación iniciada a partir de una filtración en Twitter.

Desde entonces se han dicho muchas cosas, y se ha insinuado en varias ocasiones que todo podría formar parte de un plan de marketing editorial. De hecho, no pasó ni un día desde que se hizo pública su identidad para que la novela volara de las tiendas de Reino Unido y se posicionara en la lista de los más vendidos de Amazon.

Sea como sea, Rowling se ha mostrado decepcionada con el curso de los acontecimientos, pero no niega que la experiencia le ha resultado muy grata: “Ha sido maravilloso publicar sin toda la publicidad ni las expectativas, y un puro placer recibir retroalimentación bajo un nombre diferente”, afirmaba la escritora en una entrevista.

Y es que con sólo 47 años y más de 450 millones de libros vendidos, no es de extrañar que Rowling necesitase aliviar la presión que debe suponer ser la autora de una saga que ha dado la vuelta al mundo.

¿Estrategia de ventas o experimento literario? En realidad, sólo ella sabe la verdad. Lo que sí sabemos es que no ha sido ni la primera ni la última en recurrir al seudónimo como instrumento para saborear la libertad de creación que se pierde cuando llega la fama.

Un caso similar, pero más rocambolesco, es el del prolífico Stephen King, quien a finales de los sesenta y principios de los setenta recurrió al seudónimo de Richard Bachman en seis ocasiones. La figura de Bachman serviría a King para varios propósitos: para comprobar el éxito real de sus novelas al margen de su fama y para reducir la presión de estar a la altura de la misma. Además, este juego de personajes permitió al escritor seguir con su ritmo frenético de producción literaria sin que esto pudiese perjudicar su visibilidad pública.

Lo cierto es que Stephen King fue mucho más allá que Rowling, ya que fue capaz de mantener el secreto durante varios años, inventar toda una vida entorno a su personaje, e incluso polemizar con la mala relación que existía entre éste y su alter ego.

stephen-kingUna vez descubierto el pastel en 1985, King mató y enterró al autor de su propia invención, e incluso se ocupó de publicar su obra póstuma. Bachman siempre fue la cara desenfadada de King, quien le permitía quitarse el corsé del best seller y escribir libremente y sin presión. De hecho, y en posteriores entrevistas, King ha dejado caer que no descarta una futura reaparición de Bachman.

DorisLessingPor la misma época, la ganadora de un premio Nobel, Doris Lessing, decidía poner a prueba el funcionamiento del mundo editorial cuando se trataba de apostar por autores noveles. Lessing, oculta bajo el nombre de Jane Somers, intentaba publicar dos novelas en la misma editorial que editaba las suyas. Las dos obras, pese a que más tarde consiguieron salir publicadas, fueron rechazadas originariamente. Lessing, con esta pequeña actuación, hacía patente las dificultades a las que se enfrenta un escritor novel para intentar salir adelante.

AnneRiceOtro ejemplo es Anne Rice, quien desde 1983 hasta 1985 decidió dar rienda suelta a su faceta como escritora de literatura erótica bajo el nombre de A. N. Roquelaure, con una trilogía que relataba el mítico cuento de la bella durmiente desde su perspectiva más picante y oscura. Licencias que la autora de Crónicas Vampíricas quizás no se habría tomado bajo su propia identidad.

Author-Agatha-Christie-006Y remontándonos un poco más, en 1930 y durante más de quince años, la comúnmente conocida como reina del misterio y el suspense, Agatha Christie, también quiso probar el juego de ser otra persona. Y así nació Mary Westmacott, quien publicó un total de seis libros de temática romántica, un género bastante alejado del sello habitual de la autora. “Escribí lo que deseaba y esta es la más preciada joya que un autor puede tener”, reconoció más adelante. Con esta doble personalidad literaria, Christie lograba explorar libremente una de sus facetas más desconocidas.

Estos son tan sólo algunos ejemplos de grandes escritores y escritoras que, en un momento u otro, sintieron la misma necesidad que ha podido empujar a Rowling a ocultar inicialmente su autoría. Y es que nada mejor que convertirse en principiante para explorar sin miedo nuestras distintas caras. Vivir otras vidas, probarse a uno mismo y, en ocasiones, hasta volver a experimentar el sabor amargo de los primeros rechazos.

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Editora y administradora de la Revista Nuevas Letras, diplomada en Redacción y Estilo, estudiante de Corrección Profesional en Cálamo&Cran, estudió Periodismo y trabajó en la Biblioteca de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Viajera aficionada, amante de la literatura, escritora vocacional y librera en potencia.
Publicado en: ARTÍCULOS, LIBROS

3 Comentarios en "Escritores bajo seudónimo: jugando a ser otros"

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  1. Magnífica entrada. Muy curiosa. Y creo que la “anécdota” de Doris Lessing lo dice todo de las editoriales.

    Es normal que autores muy encasillados quieran hacer algo diferente y que para ello recurran a seudónimos. Pero también tendrian que tener el carácter y la fuerza para hacerlo bajo su propio nombre, porque ellos mismos se esclavizan y encasillan. Debieran de ser más libres.

    Un saludo!

  2. Hay autores que prefieren los sudónimos y otros no. En lo personal, creo que depende de la personalidad del autor. Si es extrovertida o introvertida. Pero todos tienen poderosas razones para usarlos.

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