Escuelas de escritura: el arte de enseñar y aprender a escribir (1ª parte)

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Practicando la escritura / Imagen: elhuffingtonpost.es

Un escritor es aquel que plasma historias, ideas, argumentos, versos o cualquier otro tipo de letras sobre el papel. Un escritor, por encima de todo, es alguien que escribe. Pero, ¿un escritor nace o se hace? ¿Cómo se aprende a escribir? ¿Cuáles son los principales recursos que la lengua pone a nuestro alcance y cómo se usan? A menudo, cuando alguien comienza a escribir o incluso cuando ya lo hace, se plantea estas y muchas otras cuestiones. Incógnitas que se encargan de resolver, a base de una elaborada teoría y una interesante práctica, las escuelas de escritura.

Las escuelas de escritura son las encargadas de “arrojar algo de luz sobre las dudas que se tienen cuando se empieza a escribir”, define Antonia Molinero, directora de la Escuela Canaria de Creación Literaria. Al no existir estudios ‘oficiales’ sobre el arte y oficio de la escritura, son éstas las que, a través de sus cursos literarios, se encargan de la formación y el desarrollo de escritores de hoy y de mañana. “Hay mucha gente con la inquietud de contar historias, pero que no conoce las herramientas para hacerlo”, explica Gervasio Posadas, codirector de Yoquieroescribir.com.

Pero, ¿qué ofrece exactamente un curso literario? Jordi Muñoz, codirector de la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonés, lo sintetiza a la perfección: “la formación necesaria para convertir tu pasión en tu oficio”. Estos talleres no sólo constituyen una forma de mejorar y explorar la escritura, sino que también sirven como lugar de encuentro entre personas de todo el mundo que comparten ese interés afín. “Estos talleres aceleran un proceso de aprendizaje que resulta más arduo en soledad”, comenta Eduardo Vilas, director de Hotel Kafka. “Te sirve para organizar tus ideas y expresarlas de le mejor forma posible”, corrobora Posadas. Daniel Jordán, director de Academia de Escritores, cree que el papel de estos cursos resulta crucial en la formación de un escritor, ya que “la escritura es un oficio” y, como todo oficio, es necesario desarrollarlo. Javier Sagarna, director de Escuela de Escritores de Madrid, coincide, y añade que escribir también es “una suma de diversas técnicas y recursos que, por supuesto se puede enseñar”.

fuentetajaLos cursos literarios ofrecen teoría concreta, proponen ejercicios prácticos, y proporcionan esa mirada externa y especializada que ayuda al escritor a prosperar en su obra. Y es que, como reconocen desde Hotel Kafka, “hasta al mejor de los profesionales necesita un punto de vista ajeno para enfocar correctamente su carrera”. Pero, ¿se puede enseñar a alguien a ser escritor? Antonio José Fernández, del Departamento de Prensa y Medios de Fuentetaja, explica que en sus cursos “se enseña a escribir y leer mejor, no se hacen escritores”. Lo que sí se hace en ellos es enseñar a los alumnos unas habilidades y técnicas que deben ir acompañadas de una experiencia propia en el ámbito de la escritura. Tal y como señala Jordi Muñoz, “es fundamental en la enseñanza de la escritura creativa tener en cuenta tres elementos: el bagaje lector de la persona, el dominio de la principal herramienta, que es la lengua, y por último, el aprendizaje de las técnicas propias del oficio de escribir”. Una vez reunidos estos requisitos, la escuela pone al servicio de sus alumnos una serie de claves que les ayudarán a mejorar su redacción. Sin embargo, y a pesar de que la base de estos cursos es la práctica constante, fundamentada sobre una completa base teórica, lo más importante es el desarrollo por parte del alumno. Como explica Muñoz, “ponemos a disposición del alumno esas herramientas y técnicas de escritura para que cada persona pueda emprender, con las bases necesarias, su itinerario literario personal”.

logo_yoquieroescribirA partir de aquí, la mayor o menor evolución de los alumnos dependerá, en gran medida, de las capacidades individuales de cada uno. No basta con tener unas aptitudes previas o un don innato para la escritura, sino que también hay que trabajar duro: “el talento se tiene o no se tiene, pero también se ha de aprender a desarrollarlo”, explica Gervasio Posadas. Para los profesores y directores de los cursos, uno de los mayores alicientes es descubrir en sus aulas esa visión especial de algunos alumnos. “El talento de un escritor está vinculado con su capacidad para ver las cosas que los otros mortales no ven, plasmarlas en unas cuantas líneas y tocarnos la fibra más profunda”, afirma Daniel Jordán, quien también delimita los tres grandes rasgos que caracterizan a un escritor: “observación, identificación y empatía”. En la medida en que un escritor logre desarrollar estas capacidades, crecerá su talento. No obstante, ese talento puede ser muy subjetivo. Y es que cualquier persona puede desarrollar unas habilidades y llegar a escribir bien, pero los gustos de sus lectores dirimirán la cuestión de si posee o no un don especial. Sin embargo, estas dotes naturales no siempre son un factor decisivo a la hora de llegar a convertirse en un gran escritor. Como argumenta Antonio José Fernández, “los así llamados ‘grandes’ escritores no lo son por una cuestión de mayor o menor talento, sino por una cuestión de necesidad: aquellos a quien les va la vida en ello, que en lo más profundo de su ser no pueden evitar escribir, tienden a producir obras mucho más honestas, profundas y visionarias, incluso aunque no hayan recibido ninguna educación previa sobre el arte del oficio”.

escuela canaria creacion literariaEl nivel de alumnos, profesores y las correcciones de estos a aquellos es uno de los temas que más interés suscita desde la visión externa. Son muchos los posibles alumnos que, antes de inscribirse en un curso de escritura, buscan información sobre el nivel del mismo y las exigencias a cada alumno. Y lo que encuentran es que, aunque los ejercicios son comunes, la adaptación a cada uno de los aprendices y su nivel particular es total. “Cada uno lleva su propio nivel, pero todos desarrollan su capacidad expresiva. Si no esto sería una fábrica de escritores”, afirma Antonia Molinero. Gervasio Posadas, por su parte, ilustra su punto de vista con una comparación: “es como cualquier aprendizaje, como en el colegio o en todas partes; ni todos arrancan en el mismo punto, ni por ende todos acaban igual. Cada uno depende del trabajo que ponga y de la capacidad que tenga”, y añade otro factor decisivo para el desarrollo de cada alumno: su bagaje lector. Así pues, si una persona llega al taller con un bagaje de lectura importante, podrá alcanzar, con mayor facilidad,un nivel más alto que los demás. De esta forma, la existencia de varios niveles dentro de un mismo curso hace que resulte esencial la adaptación a cada caso. Para ello, en los cursos se ofrecen unos instrumentos lingüísticos que cada uno utilizará a su manera. Como afirma Javier Sagarna “nuestra responsabilidad es proporcionar a todos los alumnos una escala de niveles que les permita ir avanzando en su proceso formativo”. Lo que sí garantizan todas las escuelas es que, tras pasar por sus cursos, todos los participantes habrán recibido unas valiosas lecciones y mejorado su redacción, desarrollando además una mirada diferente de la que antes tenían. Como explica Jordi Muñoz, sus alumnos de la Escola d’Escriptura “aprenden todas las técnicas del oficio, pero una de las cosas más importantes es que aprenden a leer de una manera distinta”.

sinjaniaEn la otra cara de la moneda están los profesores. Ellos son quienes deben encargarse de gestionar correctamente el talento de los alumnos y establecer un nivel de exigencia adecuado a las posibilidades de cada uno. “Nos solemos encontrar con que el alumno cree que escribe peor de lo que objetivamente lo hace, así que lo primero es poner en valor su escritura”, comenta Laura Castro, coordinadora de talleres de Sinjania. Por este motivo, es muy importante la labor pedagógica de los docentes a la hora de potenciar los aspectos positivos y corregir los errores en la escritura de sus pupilos. “Hacer a los alumnos conscientes de sus progresos y limitaciones es parte del trabajo que desarrollan nuestros profesores. No siempre es fácil, pero conseguirlo suele ser fundamental para que el alumno avance”, explica Javier Sagarna. Una vez detectados los puntos débiles que mejorar y las fortalezas que posee cada alumno, el profesor debe establecer un nivel de exigencia adecuado: “cuando les pones el listón alto, llegan hasta ahí. La gente tiene mucha más capacidad de lo que cree”, explica Antonia Molinero. Aunque, como explica Antonio José Fernández, el aumento del nivel suele ser progresivo: “en general, coordinadores y participantes van elevando el tono de su propia exigencia frente a lo que escriben a medida que avanzan”. Y es que, como explica Javier Sagarna, “el objetivo de las correcciones no es tanto exigir a los alumnos sino aportarles información sobre las virtudes y defectos de sus textos, así como irles familiarizando con los recursos que les permitirán mejorar. Así, el nivel de las correcciones siempre está adaptado al alumno, a sus capacidades y su pericia en cada momento, de forma que aumenta según el alumno va progresando”.

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Editora y administradora de la Revista Nuevas Letras, diplomada en Redacción y Estilo, estudiante de Corrección Profesional en Cálamo&Cran, estudió Periodismo y trabajó en la Biblioteca de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Viajera aficionada, amante de la literatura, escritora vocacional y librera en potencia.
Publicado en: INICIATIVAS, INTERNET, REPORTAJES

3 Comentarios en "Escuelas de escritura: el arte de enseñar y aprender a escribir (1ª parte)"

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  1. Sin duda interesante PARA TODOS LOS QUE NOS DEDICAMOS AL ARTE DE ESCRIBIR. En horabuena.

  2. para mi es un sueño escribir este reportaje me encanta……………..

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